Profesión: Se recibió de médico en su ciudad natal de Lima, Perú. Ahora trabaja como administrador de un programa de VIH.
Su historia: Luis fue diagnosticado en el 2003 después de que el dolor que le causó la muerte por SIDA de su pareja hizo que comenzara a abusar cristal metanfetamina y a tener sexo sin protegerse. Su recuento de CD4, que estaba en los 300, llegó a 198 en 2004. “Yo sabía que debía comenzar a tomar medicinas. No quería tener los efectos secundarios, como la lipo [pérdida de grasa en los miembros y cara, o acumulación de grasa en el abdomen] que veía en muchas personas”.
Antes del tratamiento: Luis se distanció de los fiesteros y comenzó a tener una rutina simple y sana de “dormir, trabajar, asistir a la iglesia e ir al gimnasio”. Lo consiguió con la ayuda de amigos, un terapeuta y varios meses de un grupo de recuperación de adicciones.
Riesgos para la salud: La diabetes en su familia indica que debe cuidar los niveles de azúcar en la sangre que pueden aumentar con medicinas anti-VIH. Su nivel de glucosa (y colesterol) se mantuvieron normales.
Después del tratamiento: La carga viral de Luis se hizo no detectable y los efectos secundarios que tanto lo asustaban nunca se materializaron. Luis ahora presta más atención a las pruebas del hígado y ayuda a otras personas con VIH a darse cuenta de lo que él mismo aprendió: “El VIH no es el fin del mundo. Ya no”.