En Español : Salir del Clóset Otra Vez - by Oriol R. Gutierrez Jr.

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October 1, 2008

Salir del Clóset Otra Vez

by Oriol R. Gutierrez Jr.


Fue un domingo por la mañana, el día después de mi cumpleaños número 22, cuando mi oficial de mando me informó que yo era VIH positivo. Por más frío que parezca, recibir las noticias del Tío Sam fue extrañamente reconfortante. El oficial leyó directamente de un libreto, pero me sorprendió que tuvo mucho tacto. Un médico estuvo presente para responder a mis preguntas médicas. No le hice ninguna. Él no podía responder a la única pregunta que yo tenía – “¿Por qué a mi?”

El día que me enteré de que era VIH positivo se lo conté a mi mejor amigo de la escuela secundaria – después de todo, él fue la primera persona a quien le dije que era gay. Esta vez, se lo dije en persona. Su reacción  esta vez fue de tristeza. Nos sentamos en silencio durante mucho tiempo.

El día que me enteré de que era VIH positivo, también decidí que le iba a ahorrar a mis padres la desgracia de tener un hijo “degenerado”; me iría lejos a morir solo. En ese entonces estaba viviendo con mis padres, pero me mudé el año siguiente. Yo estaba seguro de que moriría antes de llegar a los 30 años, y aprendí una nueva manera de vivir – dejé de planear para el mañana, simplemente vivía para el aquí y ahora. Desde entonces,  aprendí a planear para el mañana, pero todavía vivo en el presente.

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En 1990 conocí a Michael, después de un verano en una escuela de entrenamiento de  la infantería de marina. El verano anterior había realizado el entrenamiento básico. Me encontraba en el mejor estado físico de mi vida.

Michael era apuesto, pero lo que más me atrajo es que era un chico común. Me adoraba. Era un católico romano devoto y un hombre de negocios exitoso. Yo me enamoré de él. Me dijo que era VIH negativo, pero me mintió. No me dijo que era VIH positivo sino hasta 1993.

Cuando obtuve un resultado negativo en 1991, pensé que había sido absuelto de mis conductas riesgosas del pasado. Recién había regresado de mi servicio militar activo, físicamente ileso pero mentalmente herido. Debido a que me sentía invencible y vulnerable, bajé la guardia con Michael.

Cuando resulté positivo en 1992, Michael y yo ya no estábamos juntos; yo había estado saliendo con un nuevo novio por aproximadamente un año justo antes de hacerme la prueba. No siempre usamos protección porque los dos creíamos que éramos negativos. Cuando resulté VIH positivo, recién había roto con mi novio y estaba saliendo con una mujer, pensando que ella me podía hacer heterosexual.

Mi familia no tenía idea de que mi vida se había convertido en una telenovela. Yo le conté al reciente ex-novio sobre mi estado de VIH en el parque Washington Square en Greenwich Village, Nueva York. Al principio se horrorizó por lo que podía llegar a significar para él, pero inmediatamente cambió su atención hacia mi difícil situación. Afortunadamente,  él resultó negativo. Yo le escribí una carta a la mujer con la que estaba saliendo, explicándole que había resultado VIH positivo, pero ella no se desalentó  por mi estado. De todos modos, mi incursión en la heterosexualidad fue muy breve.

Poco tiempo después de que me fui de la casa de mis padres en 1993, me empecé a desmoronar emocionalmente. Luchar contra mis conflictos por ser gay y VIH positivo, además de ocultarle la verdad a mi familia, me pesaba mucho. Para 1994, estaba con una depresión clínica grave.

En 1994 Michael murió de complicaciones relacionadas con el SIDA, lo que agregó una profunda pena a mi lista de aflicciones. Su muerte sólo aumentó mi miedo de que pronto me enfermaría y moriría.

Hacia fines de 1994, lentamente me recuperé de mi depresión clínica grave. A medida que iba mejorando, descubrí que tenía distimia (depresión crónica leve) desde la infancia. Aprender a lidiar con la distimia disminuyó la intensidad de mis problemas internos, una técnica que fue – y continúa siendo – una bendición.

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